Hace un tiempo escribía en el muro de mi facebook que “me atraen las personas de mi mismo sexo por la sencilla razón de que son de mi mismo sexo, no por el hecho de que sean hombres (el colmo de la expresión del egocentrismo)”. Retomándola, esa afirmación suponía que si me gustan los hombres es porque yo soy un hombre, y que tal vez si yo fuese mujer me gustarían más la mujeres y menos los hombres. Y si yo fuese gato, me gustarían más los gatos y menos los humanos. En aquel momento no le di más importancia de la que pensaba que podía tener. Pero ahora, reflexionando de nuevo sobre el asunto, me planteo la siguiente cuestión: ¿Y si lo que me gusta de una persona está más relacionado con la persona que soy que con lo que esa persona es?
Puesto que considero que los conceptos y las etiquetas nos reducen y nos fragmentan, debemos reivindicar el orgullo de ser uno mismo. Pero esta batalla contra las ideas sólo es posible a través de las ideas, por tanto voy a tratar de perfilar un término referente a la sexualidad humana que creo que todavía no está lo suficientemente delimitado. Es la egosexualidad. Es la orientación sexual centrada en uno mismo, en el goce de la relación sexual porque yo estoy participando en ella, porque soy yo el que me estoy permitiendo gozar a mí mismo.
La excitación es un proceso interno del individuo, un proceso intrapersonal. Al igual que la visión, la audición o cualquier otra percepción, la excitación no depende tanto de lo que pasa fuera como de lo que está pasando dentro. La estimulación externa es como un dedo que empuja la primera ficha de dominó; pero el efecto dominó se produce en nuestro interior, en un mundo de interacciones electroquímicas donde nosotros somos los que podemos gestionar, dominar, controlar o dejar fluir dicho efecto-excitación. Por tanto yo soy el que se pone: me pongo yo como respuesta interna a un estímulo externo.
Pero no me excitaré ante cualquier estímulo externo, sino ante aquél al que yo le atribuya la autoridad pertinente. Es decir, yo decido lo que es excitante para mí, yo decido si me dejo excitar por según qué estímulo; yo decido lo que me pone. Por tanto volvemos a la dimensión interna de la excitación: el nivel de excitación dependerá más de mí que de lo externo. Dependerá más de mis valores, de mis sentimientos, de mis actitudes, de mis creencias, de mis procesos motivacionales, de mis expectativas, de mis prototipos estéticos… En todo momento yo soy el sujeto activo en la excitación, aunque sea de modo inconsciente. La pasividad del sujeto en la excitación sería una manifestación de asexualidad.
Los términos homosexual, heterosexual o bisexual se caracterizan por focalizar la excitación en características de la otra persona, es decir, en características externas a mí. Sin embargo, el término pansexual sería un tipo de egosexualidad pues la pansexualidad se define como “la atracción sexual, romántica o estética independiente del sexo/género de la otra persona”, por lo que recoge el principio de la egosexualidad de que lo que importa no son las características de la persona (externas a nosotros), sino nuestras propias características. Al igual que el color no es una característica del objeto, sino que es una cualidad del sujeto que mira (no todos los seres vivos vemos los colores del mismo modo, por tanto las cosas no tienen color, sino que les atribuimos color), la belleza no es una característica del objeto, sino que es un constructo mental en forma de prototipo creado por el sujeto; por eso no todas las personas nos excitamos ante los mismos estímulos, y por eso las personas no tenemos belleza, sino que nos la atribuimos unas a otras, puesto que es una idea.







Que grande tio!!! madre mia creo que hacia tres años que no entraba en tu blog. De acuerdo contigo en todo, lo dicho ¡¡Que grande eres!!
Que grande tio!!! madre mia creo que hacia tres años que no entraba en tu blog. De acuerdo contigo en todo, lo dicho ¡¡Que grande eres tio!!